Madeira 2003

Ricasa – Pirotecnia Ricardo Caballer disparó la entrada del año 2004 en la isla de Madeira

Evento

Fin de año en Madeira

Prensa

La entrada del año 2004 en la isla de Madeira, requirió de la tecnología española de la casa RICARDO CABALLER (Ricasa)que tuvo que contar con el respaldo nacional de la firma lusa MACEDO’S  El 31 de diciembre de 2003 todo estuvo preparado en la ciudad portuguesa de Funchal (capital de Madeira) para la realización de uno de los más grandes y complicados disparos del mundo, que contó con 44 puntos de fuego simultáneos:

  • 25 puntos en 6 kilómetros alrededor de la montaña de la ciudad (conocido como “Anfiteatro”)
  • 12 puntos en el paseo marítimo (conocido como “Orla”)
  • 6 puntos de fuego sobre barcos en el mar
  • 1 punto en una de las islas adyacentes

Múltiples puntos de disparo fueron repartidos por la ciudad para su ignición simultánea, creando una corona pírica inmensa que consumió el 2003 y bautizó el nuevo año. Hubo una localización (frente de disparo) principal, en pleno paseo marítimo. En este lugar había varios contenedores más cerca unos de otros que en resto de la ciudad (donde estaban separados por cientos de metros). Este punto cardinal ofreció las más importantes formaciones de fachadas aéreas. Los contenedores se fueron situando en cada emplazamiento elegido en diferentes días, según las fechas en que tenían autorización oficial para hacerlo.

El resto del impresionante disparo se realizó repartido por la ciudad y el mar. Ricasa repartió contenedores (cuyo disparo se sincronizó), por varios puntos de la ciudad, logrando todo un bombardeo colorístico que bañó la ciudad de Funchal (Madeira). Llevó la alegría de la entrada del nuevo año 2004 hasta todos los puntos de la urbe.

El éxito del evento fue rotundo, según la generosa y excitada reacción del público y las felicitaciones de las autoridades responsables. El final de truenos con titanio desde todos los puntos de fuego al unísono resultó apabullante. Pero no menos portentoso fue el resto del disparo, porque durante todo el evento todos los puntos de fuego rugieron al mismo tiempo y sin parar. Desde el comienzo del espectáculo hasta el final todo fue una gran y enorme traca de color, sin solución de continuidad.

Lo grandioso del evento fue la propia grandiosidad del espacio utilizado para el disparo (su amplio reparto de puntos de fuego sincrónicos), y su no interrupción. Fue toda una realización faraónica y digna de ser recordada mediante estas líneas y las fotografías inferiores.

Del 15 al 24 de diciembre (de 2003) fueron 25 personas las que trabajaron en el montaje de tan magno evento (tanto de la firma Ricardo Caballer como de Macedo’s), pero del día 26 de diciembre al 3 de enero (contando, por tanto, los tres días posteriores de recogida), hubo un total de 96 pirotécnicos de ambos países (España y Portugal).

La ignición se realizó por radiofrecuencia en aquellos puntos a los que llegaba bien la señal de disparo inalámbrica (en la montaña). El sistema utilizado fue el italiano Firemaster de la firma Parente. Otros 8 puntos se prendieron por vía manual (sistema eléctrico convencional) y las 12 localizaciones de la “Orla” fueron disparadas mediante el sistema Pyrodigital. La comunicación entre las diferentes personas responsables del disparo se realizó por radio, para sincronizar al tiempo todas las igniciones. Era en un campamento militar desde donde se dictaban las órdenes, por walky-talkye y mediante una emisora de radio (para tener dos sistemas de comunicación y no depender sólo de uno).